El segundo domingo de cuaresma es el domingo de la Consagrada Imágen de Jesús Nazareno de la Justicia, que sale del Templo de El Calvario, en la 18 Calle Zona 1.
Este año se hizo el estreno de una nueva anda de 127 brazos, la cual es ahora propia para esta procesión, pues en años anteriores se utilizaba un anda de 90 que es la que se utiliza para la Santísima Virgen de la Solidad el día viernes santo.
Considero que no existe la necesidad de un anda tan grande para esta procesión, pues si bien es cierto hay buena afluencia de cargadores pero debido al extenso recorrido del cortejo para cada cargador hay dos turnos. Esto pone en evidencia que es mayor la oferta que la demanda de turnos, además que en varios turnos era común ver brazos vacíos en el anda. Otro punto a tomar en consideración es que teniendo un anda de esas dimensiones se hace mucho más difícil el maniobrar en algunos cruceros, además que se necesita una mejor planificación sobre dónde pasará el cortejo, pues este año se evidenció que hubo falta de previsión por parte de la hermandad en cuanto a la altura y cantidad de cables del tendido eléctrico en varias cuadras por dónde pasó el cortejo, pues hubo necesidad de ser bajada el anda a brazos varias veces.
Una muestra de esto fue el turno 24, en el cuál yo iba cargando, de la Av. Elena hacia la 1a. Av. sobre la 3ra. Calle, en dónde el tendido eléctrico era demasiado bajo, y se tuvo que caminar varios metros con el anda en brazos. Debido al cansancio que esto provoca, al peso del anda y a la posición incómoda por el nivel tan bajo al que llegó el anda, fue imposible sacar las fuerzas suficientes para lograr elevar de nuevo el anda a la altura de los hombros, por lo que en dos ocasiones el anda tocó el suelo. Esta fue una situación en la que nunca, en mis 15 años que tengo de cargar, había vivido: la angustia y el miedo que por ocasiones se sintió de ver que el anda se venía sobre nosotros, además del disgusto y enojo que me provocó escuchar ciertos comentarios inapropiados que a gritos nos hacían llegar algunos celadores de la hermandad mientras el anda se iba para el suelo. Esto sin contar los daños en el hombro y brazo derecho que esto me provocó.
No veo realmente la necesidad de poner a cargadores y devotos, así como a los mismos miembros de la hermandad en un riesgo como este, en el que la misma integridad física y hasta la vida misma de los que participan se pone en riesgo. Se debe tener en cuenta también que las hermandades son las responsables de minimizar este tipo de riesgos, pues hay que tener conciencia que en cualquier cortejo procesional se corren ciertos riesgos, pero este segundo domingo debido a la falta de previsión y planificación esos riesgos se potencializaron a un nivel más alto.
Hay que meditar también la razón verdadera por la que se hacen estas cosas, pues en lo personal pienso que por momentos se tiende a confundir la devoción con el sensacionalismo y la vana gloria.
La Consagrada Imagen de Jesús Nazareno de la Justicia recorrió nuevamente las calles del centro de la Ciudad de Guatemala en esta procesión del segundo domingo que durante los años ha ido incrementando tanto su recorrido como la cantidad de fieles que la acompañan y esperan. Me ha sorprendido mucho el número de fieles que estuvieron a la espera del paso del Nazareno, haciendo que por momentos, me sintiera en los días grandes de la semana santa al ver aquellas calles repletas de devotos y el tráfico del Centro Histórico totalmente detenido ante el paso de la bella imagen del Templo del Calvario. Recuerdo cómo hace ya más de 12 años cargué por primera vez en esta procesión, la cual en aquella época salía a las tres de la tarde y realizaba un pequeño recorrido por la primera avenida hasta llegar al Santuario de Guadalupe, para después llegar al Parque Central y luego regresar por toda la sexta avenida y así retornar a su templo en horas de la noche.
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“Este es mi hijo amado, escuchadlo” era el mensaje que se podía leer en la alegoría del anda, basado en el pasaje de la transfiguración de Jesús y el cuál fue el mensaje del Santo Evangelio de este segundo domingo. En este se nos invita a reconocer a Cristo como Hijo de Dios y a pesar de las dificultades que tengamos en nuestra vida podamos reconocer la divindad de nuestro Señor en todo momento, y de esta manera alcemos siempre nuestra mirada, desde lo más profundo de nuestro dolor, hacia el monte Tabor y podamos ver la imagen resplandeciente y bella de Nuestro Salvador. La bella imagen de Jesús Nazareno de la Justicia (obra atribuida al artista Juan Lanuza) me hace meditar sobre la misericordia de Dios, pues su rostro evoca en mí la imagen de un padre que sabe de la debilidad de sus hijos y que con amor entrega su propia vida para que sus hijos no sufran a causa de sus errores.
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