El segundo domingo de Cuaresma, 3 de Marzo, se realizó la velación anual de la Consagrada Imágen de la Santísima Virgen de Soledad del Templo de la Recolección. En una tarde fría y nublada la imágen de nuestra Santísima Madre recorrió las calles aledañas al templo. El rostro de la imágen de la dolorosa recoleta muestra con gran belleza el dolor y sufrimiento que nuestra Madre sufrió. Sufrimiento que ella aceptó humildemente al momento en que el Ángel Gabriel se le presento. El ver la imágen de la Virgen de la Soledad me hizo meditar mucho sobre nuestro “Sí”, pues a veces cuando se nos presenta el compromiso ante la Iglesia inventamos mil excusas para evadirlo (al menos a mi me pasa asi) y nos cuesta poder entregar nuestra vida y nuestro tiempo al servicio de nuestro Señor. Sin embargo, María aceptó sin nungún reproche el compromiso de ser la madre nuestro salvador, compromiso el cual no implicaba simplemente dar unos cuantos minutos o un poco de trabajo, sino implicó el entregar a su hijo amado al sacrificio y permanecer siempre, a pesar de todo, junto a la cruz, de pie y con la fé siempre en Dios nuestro creador. Que bueno fue para mí poder estar por un momento junto al anda de tan bella imágen. Me hizo meditar mucho en el sufrimiento y la entrega de María. Como bien sabemos, el objetivo principal de las procesiones es la evangelización, y en mi caso la procesión de velación de la Virgen de la Soledad cumplió su objetivo al hacerme meditar sobre la entrega de María y la fortaleza que tuvo para aceptar la voluntad de Dios.
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