A principios de Febrero, las pascuas, aún rojas, empiezan a secarse y a perder su color. Las novenas del Niño Jesús terminan y los nacimientos se quitan cuando se está celebrando a la Santísima Virgen de Candelaria. Las pascuas se secan y las jacarandas florecen. De un día para otro, en las copas de los árboles se deja ver ya el color morado penitente, anunciandonos que la Santa Cuaresma se acerca. Y es que cómo es Dios de grande y maravilloso, que todo lo hace tan exacto y tan preciso.
Hoy me asomo a la puerta de mi casa y logro ver el morado intenso de las jacarandas, el cólor anaranjado de la luz del sol, siento el calor que me envuelve por completo y ese olor de tarde tan característico de esta época, ese olor que me transporta a los días de la Semana Santa, en los que por las tardes camino al lado de mi Jesús Nazareno. Suenan redoblantes y timbales; veo la silueta del anda meciendose de lado a lado; y de repente escucho las notas de la marcha Tinieblas, y automáticamente me transporto a esas filas interminables de cucuruchos en las que todos somos uno para exaltar a Nuestro Salvador… Como me gustan las tardes de Cuaresma! Doy gracias a Dios por permitirme vivir en este pais y darme la oportunidad de vivir estas devociones que son, para mi, el complemento perfecto para prepararme para celebrar la Pascua.

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Hola, justo hoy (domingo de ramos) estaba recordando las jacarandas, buscando fotos y vengo a caer en su blog… que bonito recuerdo tengo de la avenida castellana en la zona 8 alfombrada de jacarandas… ojala que pueda pronto estar nuevamente disfrutando de esas tardes calidas con olor a jacaranda.